Mi sociedad es un asco.
Hemos perdido el sentido de solidaridad, el sentido de ayudar a los demás. Somos capaces de estar presenciando un asalto, una injusticia o cualquier ilícito y voltear la cara y alejarnos evadiendo el deber social de cuidar al prójimo. Estamos educados para ser apáticos, para el egoísmo, para no actuar. Estamos educados para responder al miedo con cobardía, pero eso si, platicamos de como están mal las cosas y disertamos teorías de que cual grupo del crimen organizado hizo esto y cual lo otro en vez de tocar el tema de que tenemos que hacer como sociedad para enfrentar a los criminales de pacotilla que están haciendo su agosto en las calles.
El crimen organizado es un mal más lejano al común de los mortales que el crimen desorganizado, esos malandrines que cometen delitos que en la jerga oficialista les dicen del "fuero común", esos son a los que les tenemos miedo cuando salimos a la calle, ¿va a llegar un sicario a sicariarte (un nuevo verbo acuñado en Chihuahua) sin ningún motivo al salir de tu casa?? claro que no!!! pero si puede llegar un malandrete de cuarta a quitarte lo que traigas en las bolsas. El crimen desorganizado debería de temer la cooperación solidaria de la masa anónima, debería de tener que cometer sus ilícitos al amparo de la obscuridad y la ausencia de gente.
Pero no, mi sociedad es un asco.
Ese objetivo artificial de tener, tener y tener sin importar como ha llegado a extremos de caricatura. Ahora admiramos a la gente que se forra de dinero cometiendo ilícitos, tener, tener, tener.
No importa ser.
No importa merecer las cosas, no importa como se obtienen, el conocimiento y la cultura son bichos raros que no son redituables a corto plazo ni generan intereses. Somos borreguitos asustados que solo quieren tener, tener y tener. Peor aún sólo deseamos.
Es hora de levantar la cabeza, de alzar la voz. Distorsionando al ché: "más vale morir con la frente en alto que vivir de rodillas"
¿Nos pueden tener de rodillas menos del 1% de la sociedad?
Es hora de madurar como sociedad y asumir nuestras responsabilidades.

